
Alejado de las grandes edificaciones, Jaime se levanta cada mañana, dá un beso en la frente a Isabel y se dirige al baño, donde después de un par de palmadas en la cara con un poco de agua fría, es conciente de que ha despertado. Son las cuatro y media de la mañana y las labores del nuevo "delivery" que se vive en Bogotá no dan tiempo a un poco más de cama.
Mientras toma ese bendito café de cada mañana, alista la miel, las aromáticas y un poco de azucar en los frascos destinados para el despacho.
Sale de la casa viendo desde las invaciones de la montaña la ciudad que aún duerme agarra en el corral a lola y sara, sus dos cabras lecheras. Con movimientos rutinarios ellas suben al corral del triciclo, donde saben que les espera un poco de hierba fresca.
Tras varios kilometros de pedalasos firmes, Jaime llega donde la señora Julia en una pequeña casa de esas llamadas autoconstruidas, quien tiene un cántaro de cerámica ancestral donde siempre recibe la leche de cabra recién ordeñada. Buenos días Jaime, Bu
enos días doña Julia, que frío! exclama ella, pués doña Julia, a esta hora ya me siento como Lucho Herrera después de tanto pedalear. Una conversación simple para una actividad simple. Después de despedirse, Jaime decide que lo mejor es tomar la calle ochenta hacia abajo, porque es en esa ruta donde aún hoy día, es bien apreciado un vaso de leche de cabra, tan recién ordeñada, que uno mismo vé la leche saliendo de la mano de quien ordeña.Foto Tomada en Bogotá. Barrio Fontibón.
Gonzalo Gómez Vásquez
2 comentarios:
Definitivamente en la capital Colombiana encontramos imagenes surrealistas que caminan las calles con una cotidianeidad continua.
hermosa imagen, nunca había visto a alguien transportar en un carrito como estos animasles y menos cabras que parecen como locas.
verónica
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